domingo, abril 01, 2007

El Avila inmutable testigo de mi vida


Subir a nuestro mítico cerro o montaña Humboldt es cada vez, aunque regreses mil veces, una deliciosa experiencia, en mi caso, sin duda alguna es una referencia de vida, todas y cada una de mis etapas, por una u otra causa he tenido, con máximo placer, subir a encontrarme con el frío divorciado de la urbe de Caracas, lo gozo a plenitud por su complicidad de recordarme cuanto he vivido, soñado, disfrutado y vivido a plenitud cada una de sus estructuras congeladas en el tiempo.
Hoy subí, con mucha frustración, me encontré que los servicios son primarios, que lo único que te reconforta es conseguir la mismita vista de toda una vida, el frío decente que solo te hace recordar el calor de concreto que queda allí abajo.
Hoy, no había agua, por lo tanto no había restaurantes, hoy no había suficiente gente nostálgica para hacer el tour del hotel que alguna vez fue el recinto de un glamour importando y adaptado muy cómodamente. Hoy no comí fresas con crema, solo vi muchos caraqueños buscando referencias pasadas y clausuradas, sin embargo me hice dueña de la vista que me la agarre para mi solita, solo yo sabía cuantas veces y como he disfrutado de algo que nadie me puede quitar y es la emoción inmensa de ver a mi Caracas desde arriba, recordando cuanto la he gozado.

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