viernes, setiembre 10, 2010

No estaba muerta, andaba de parranda

Tenía tiempo sin atender a este querido blog, es verdad, cierta indiferencia me invadió las ganas de escribir por aquí, y es que se supone que el heat line de En La Ciudad es Hallazgos en nuestro entorno que nos reconcilian con la cotidianidad, esa era la idea, descubrir pequeñas cosas que me reconciliaran con una ciudad que no fue diseñada, que creció ante mis ojos con la mayor anarquia jamás nunca vista, gracias a los diversos gobiernos que decidían de acuerdo a la esposa de turno, como debería acomodarse la ciudad, asi que hemos sidos los hijastros de padratros caprichosos y con muy mal gusto, para ahora terminar con un tío que fue la oveja negra de la familia y está haciendo fiesta con la casa, le dio por desbaratarla, rompiendo cuanta cosa medio bonita había, por aquello de no acordarse de su papá que no le dio el aristocrático apellido. Tengo día, muchos días pensando como retomar este cuento, y sin más preámbulo comento, que por ahora (Dios, que terrible, que lo malo es lo primero que se pega), no me quedará otra que expresar las verdades de una ciudadana de a pie, aunque gracias a Dios no ando a pie, porque eso es una verdadera tortura en las aceras de esta ciudad, contando los hallazgos que se viven, en esta llamada una vez la sucursal del cielo, la cosmopolita Caracas, la ciudad de los sueños posibles. Debo ser honesta y contar, cuanto la han herido, golpeado, maltratado, escupido, para que al verla, no te sorprendas observar las costras de sucios, como una pobre mujer callejera. Intentaré, con la sinceridad que me caracteriza que si veo algo que valga la pena, lo diré sin remilgos, y lo malo también. Solo termino diciendo, que amo mi ciudad de Caracas, amo mi país, y si por esta vía puedo hacer algo por ella, pues vamos, entonces lo haré. Caracas está llorando.